12 mayo, 2021

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Francia se prepara para un fin de año con estricto toque de queda

En Europa hay casi 16 millones de infectados para un total de 375.147 muertos desde el 31 de diciembre de 2019. Las fiestas navideñas son, en este contexto, una línea roja ante la cual las autoridades extendieron barreras de contención. Ese es el caso en países como Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia, Croacia, Suecia, Países Bajos y España.

En Francia, el desconfinamiento de este martes permite una libertad con cuenta gotas. Se autoriza la circulación sin comprobante o declaración jurada, así como los desplazamientos entre regiones. Sin embargo, a las 8 de la noche se acaba la fiesta porque comienza el toque de queda. Los bares y restaurantes permanecerán cerrados hasta una fecha aun desconocida, lo mismo que los teatros, cines, museos y salas de concierto. Se había fijado el 15 de diciembre como fecha para reabrir, pero la persistencia de los contagios atrasó las reaperturas. Ello configura una Navidad parcial y un año nuevo sin fiestas. Las reuniones navideñas están permitidas con la recomendación de que a ellas asista un máximo de seis personas. Sin embargo, el 31 de diciembre no habrá fiesta para tirar este año por la ventana. No habrá excepción el 31 porque el toque de queda entrará en vigor a las 8 de la noche, con lo cual, nadie podrá desplazarse esa noche, contrariamente a la Navidad.

Con 236 casos por cada 100 mil habitantes, Francia está lejos de haber estabilizado la progresión de la covid-19. Esta configuración adversa se repite un poco a lo largo de la Unión Europea. En Londres, el incremento de casos condujo a que el Ejecutivo repitiera el denominado Tier 3, o sea, el nivel máximo de alerta. Alemania inició igualmente un proceso restrictivo hasta el próximo 10 de enero con un severo cierre de todo lo que tiene que ver con la sociabilidad pública. Países Bajos (10 mil contagios por día) e Italia repiten el modelo franco alemán porque siguen en la lista de países de la Unión que vieron cómo las curvas de contagios subían de forma permanente o se estancaban en picos muy altos.

La pandemia habrá asfixiado hasta el final la vida de millones de ciudadanos del mundo al mismo tiempo que puso de rodillas a las economías y dejó ante un abismo a sectores como el de la cultura. Este martes, en París y varias ciudades los actores de la cultura manifestaron contra las medidas que despojaron de toda actividad a un sector que vive de la presencia del público. La situación no podía ser más contrastada: mientras representantes del mundo cultural manifestaban en la Plaza de la Bastilla, con la excepción de los restaurantes y los bares, la gran mayoría de los comercios estaba abierta y con mucha gente. ”Para algunos todo se puede, para los otros nada”, decía a PáginaI12 Nadine, una actriz de 28 años que perdió todos sus ingresos. Pierre, un humorista de la capital, recordaba con justa pertinencia la doble moral del liberalismo: «han cerrado teatros, cines, librerías, museos, pero cuando vino ese horrendo Black Friday dejaron que el sistema funcionara, que la gente se juntara en los comercios o que hubiese multitudes en las vidrieras de las galerías Lafayette”. La cultura ha sido considerada como “no esencial” por las autoridades y el sector ha quedado relegado en el último lugar. ”El arte es el arma de mis lágrimas”, decía un mensaje pintado en un cartón. Otro afirmaba: “el arte es un arma de construcción masiva”.